
Como todas las crisis, siempre pegan más a unos que a otros. La última ha sido la tragedia de millones de personas en el mundo que, teniendo todas las calificaciones técnicas y humanas para ser altamente productivos en su propio sector profesional, perdieron su empleo y fueron arrojados a un mundo de incertidumbre, ansiedad y dolor. Muchos soberbios se niegan a creer en la suerte, pero a mí me ha puesto a reflexionar mucho sobre la aleatoriedad de esta situación.
Tal es el caso de una muy querida amiga que, luego de unos complicados meses de desempleo, finalmente había conseguido un trabajo prometedor en los revoltosos meses de 2009. Sin embargo, la crisis, la crisis, la crisis... La empresa en la que estaba no logró sostenerse y fue nuevamente incorporada a las estadísticas que tanto estrépito han causado en estos tiempos nuevos.
En la desesperación por ver el paso de los meses, de las interminables entrevistas, de las ofertas que lucen prometedoras y nunca llegan, de la poca consideración de muchos directores de recursos humanos, de la nula caridad y cariño que le brinda su propia compañera de casa; a sugerencia de uno de sus mejores amigos, ella ha incursionado en el mundo del blog.
Tener un blog es tener algo qué decir. El problema es que muchos creemos que tenemos algo qué decir. Es también el mercado, la suerte, el talento y la oportunidad los que decidirán quién será leído y quién no. Creo que Laura tiene mucho qué decir, no sólo por su situación actual sino también por su misma y extraordinaria manera de percibir y vivir la vida, y hasta ahora lo ha hecho con notable calidad humana. Un blog es tener algo qué desahogar. Es echar un anzuelo a un océano que parece deshabitado con la esperanza de pescar una ballena... porque sabemos que ahí está. Realmente felicito a Laura por tener el blog Diario de una desempleada en la ciudad y compartirnos su experiencia viva, dura, tragicómica y, sobre todo humana, de esta situación que es el presente internacional que muchos queremos ocultar, huir y desoír.
En el camino, más allá del desahogo, de la profunda dimensión temática de su blog y de la esperanza de que podemos asistir con ella hasta que finalmente pierda el motivo que le dio origen, el blog podría ofrecer apoyo y empatía para aquellos de los muchos millones que están atravesando la misma situación que ella. Para los que tenemos la dicha de estar empleados, es una motivación más para sentirnos afortunados y hacer consciencia de que aquello que nos relata día a día podría ser en cualquier momento y bajo cualquier razón, nuestra realidad.
Mucha suerte con este blog, pero, sobre todo, con la salida del desempleo. Gracias porque en estos tiempos difícil, te des el tiempo de hacer un gran acto de caridad: compartir con el mundo una forma de estar tan peculiar y difícil en la economía que vivimos y gracias por ponerle tu sello tan excepcional en ello.
El blog aparece dentro del rotativo de recomendaciones del mío cada vez que sea actualizado. ¡A leerla!
2 posmopolitas:
Menos blogging y más iniciativa.... Esperar que un trabajo nos llegue del cielo por nuestra linda cara y nuestros (igual de lindos) títulos y diplomas no funciona.
Mario de Leo... que diga, perdón, "Lencho":
No creo que el blogging excluya la "iniciativa" o inhiba las ofertas laborales. ¿O sí? Como que es un poco estúpido pensar que por bloggear no se está teniendo iniciativa, pero bueno, cada quién sus propias y maniqueas limitaciones intelectuales.
Tampoco creo que la autora deposite toda su certeza en conseguir trabajo en su linda cara o en su título. Y esto no sólo porque me conste a mí, sino a cualquier lector de su blog, pero claro, probablemente has sido ya víctima de tus propios prejuicios. Seguramente viste una foto y creíste que no necesitas ver más para entender un problema. Guau, eso fortalece el punto de que los "títulos (igual de lindos)" definitivamente no pueden respaldar la calidad científica de una persona.
En fin, de todas formas no te invito a rebatirme leyendo el blog aquí recomendado. Esta claro que ni en tu obsesión neurótica e infantil por irritarme con comentarios descalificativos de toda cosa que se pone aquí, tienes la capacidad de elaborar un argumento que me deje medianamente desarmado o bien rebatido algo de lo que yo ponga.
Como a todo mundo, la crítica me incomoda, pero nunca estoy cerrado a ella. Sin embargo, si no tienes nada más que aportar que ideas que no hacen más que exponer tu poco detenimiento sobre el argumento escrito, prejuicios, falacias ad hominem, ad verecundiam y de todas las que vi en clase de lógica, arrogancias pseudointelectuales que muestran muy poco conocimiento y profundidad sobre lo que hablas y que muy débil e ingenuamente proteges con un anonimato igualmente estúpido e infantil, pues se acabó la fiesta. Insisto, me pareció divertido alguna vez, pero ahora ya me parece más bien enfermo. Debes ir a terapia.
A diferencia tuya, yo no acuso a alguien de cualquier cosa si no tengo todos los elementos para hacerlo. Me impresiona cómo a pesar de hacerte saber que tu forma de accesar a mi blog y dejar comentarios anónimos deja exactamente el mismo registro en el contador de estadísticas que cuando me los dejabas firmados por ti (te sorprendería la precisión), quieras jugar a que estoy haciendo acusaciones aleatorias. Definitivamente no somos iguales.
En fin, tan tan. Suerte.
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