viernes, diciembre 11, 2009

Sin fumar

Hoy cumplo 4 años sin fumar.prohibido-fumar1

La cajetilla de las marcas de cigarros que yo fumaba (Marlboro rojos o Camel) está  por costar $30. Cuando yo lo dejé acababa de subir de $18 a $20.  Ante ello, la gente me dice que imagine el dinero que estoy “ahorrándome” considerando que yo fumaba alrededor de 40 cigarros al día: $1,800 mensuales.

La verdad es que, no quiero sonar grosero con la pobreza nacional, pero no me parece una renta tan cara para el placer que me generaban. Uno se gasta en un café de Starbucks esa misma cantidad. Bien uno se podría comprar un café normal en El Jarocho y luego una cajetilla de cigarros y ahí están: los dos bienes por el mismo precio.  En ese sentido, el ahorro nunca fue un argumento para dejar de fumar.

La sensación de fumar era placentera.  El humo llegaba a los pulmones dando una sensación de llenar el vacío.  El gas que llega al cuerpo ya no es ligero aire, sino esa densidad fresca y casi acuosa del humo del tabaco.  Mientras que para muchos esa imagen es asquerosa, para mí era una sensación sensacional.  Y luego el humo, escapando el cuerpo… viéndolo salir poco a poco por la boca.

El cigarro me daba algo que hacer cuando estaba esperando, cuando estaba nervioso, cuando estaba incómodo.  Mi cigarro del final del día daba momentos de meditación, de introspección.  Era un rito de cierre de día que, sin duda, era una forma de rendirle culto a la vida, al milagro de haber visto salir el sol y luego ocultarse con la esperanza científica de que volverá a ocurrir.

A veces, de forma recurrente, sueño que fumo.  Una trampa del inconsciente: claramente vivo, siento, estoy fumando y a la vez hay una voz en mi mente durante el sueño que me dice que “eso no es fumar” y que ese cigarro que estoy experimentando oníricamente es un acuerdo que tengo conmigo mismo para fumar sin fumar. Despierto lleno de culpa y a veces tristeza.

Por la cantidad de tabaco que ingería en un día, el cigarro amarillentaba mis manos, mis dientes, mis labios, mi bigote.  Me daba un olor corporal desagradable para muchos, se impregnaba en mi pelo y en mi ropa.  Me dicen que hoy mi piel tiene una textura y apariencia mucho mejor. Pero a mí nunca me importó. No fue esa la razón por la que dejé de fumar.

Ahora que soy un exfumador, milito en contra de la intolerante ley antitabaco que implantó el Gobierno del Distrito Federal.  Estoy a favor de separar y respetar espacios de los no fumadores, pero creo que la forma en la que fue implementada la ley antitabaco en la Ciudad de México fue por demás radical.  Los fumadores se extrañan por mi postura política al respecto. 

Contrario a muchos otros que también gozaron los privilegios del fumar y decidieron renunciar a ellos, yo no condeno a los que hoy todavía lo hacen.  Al contrario, los aliento a hacerlo sin culpa y recordándoles que algún día (o no) tomarán la decisión de ponerle punto final. No me importa que fumen alrededor de mí, ni cuando estoy comiendo.  Sé lo que es fumar y que todos te miren como si fueras el peor ecocida, suicida u homicida. Sé lo que es ver a exfumadores que parecieran estar cazando a los fumadores para hacerles caras groseras y, sobre todo, armar un buen pancho como si el contacto con el humo fuera letal.  En fin, entiendo que para algunos la renuncia al placer tiene que ideologizarse para lograrla con éxito. No todo mundo es tan fuerte.

El lector probablemente se pregunte, ¿y por qué carajos dejaste de fumar?

Opté por la vida.  Desgraciadamente soy de esas personas que deben tener todo o nada.  No tengo la capacidad de limitar mi experiencia de fumar a uno, dos o máximo tres cigarrillos al día.  40 o nada. Sé que el tabaco me hace daño y sé que a pesar de que los menores de 25 no piensen lo mismo, soy joven aún y me falta mucho por vivir.  Sé también que existen fumadores que a pesar de haber sostenido activamente el vicio por 75 años, no desarrollaron ni una sola de las enfermedades asociadas al tabaquismo.  Sin embargo, con una serie importantes de antecedentes genéticos de cáncer y cierta predisposición a enfermedades pulmonares, decidí darle a mi vida la oportunidad no sólo de fumar tabaco, sino también la de otras muchas actividades que se ven amenazadas por fumar: subir a la cima de un volcán, ver la vida adulta de mis sobrinos, subir escaleras cuando sea yo mayor de edad.

Tal vez mañana me llueva un yunque del Cielo, pero al menos no quiero haber sido yo el responsable.

Eso sí, advierto que si llego a la vejez y llegó con salud, probablemente, ¡vuelva a fumar!

viernes, diciembre 04, 2009

Relanzamiento

SiCalderón Felipe Calderón lleva relanzando su gobierno en diferentes eventos y discursos desde el 3 de septiembre de este año y nomás no termina de quedar claro cuándo es que lo va realmente a relanzar, ¿por qué yo no puedo hacerlo con mi blog? No me perderé en excusas esta vez.  Uno escribe cuando tiene algo qué decir, pero, sobre todo, cuando tiene las ganas para hacerlo.  La cosa de un blog es que nadie te paga por hacerlo, así que ahora sí que las ganas son muy voluntariosas.

Le que sí  ofrezco en esta ocasión (digo, si ya me tardé exactamente dos meses en publicar algo) es, al menos, un cambio de imagen.  Vamos, que así hasta se vuelve más creíble el asunto de que uno se pensó bien las cosas y se va a lanzar nuevamente al ruedo, a los comentarios amigos, los comentarios desconocidos y los comentarios “anónimos.”

Adiós a la latita de Coca Cola y saludemos pues a estas piernitas de fibra de vidrio que nos regaló un paisaje coyoacanense.  (Se aceptan opiniones, ajustes y hasta extrañamientos)

“Más condechi que coyo” dice el payaso lema de este payaso blog de este payaso autor.  Si la Coca Cola era más alternativa-gucci-lichtensteinianamente condechi, pues ahora nos vamos a lo Coyo.  Y es que entre la casa de las piernas salientes y que ahora nos ha dado por ir a desayunar al maravilloso café-panadería Papalotl, pus como que mi corazoncito está un poquito menos en Ámsterdam o como ahora le llaman tan pretensiosamente “Corredor cultural Condesa-Roma.”

Este cambio podría derivarse de que el autor de este blog está a punto de incorporarse un ámbito más hippiosón que en el que ha estado metido en los últimos años. Eso sí hippiosón pero digamos que ahora mis mañanas tendrán que transcurrir en Santa Fe.

Si no termino esquizofrénico, pus ya la libré. Pero si sí, esperemos que conserve la disciplina de ir describiendo el proceso aquí, de perdis, pa que quede documentado.

Bueno, pues con estas promesas para el trienio que viene y con la cosa de que el panorama se ve tan canijo como que el PRI volverá a Los Pinos en 2012 (con eso ya tenían para hacer una peli apocalìptica, no era necesario el macro tsunami), pus yo también relanzo mi blog. Salud, que el gobierno –digo, el mundo- se va a acabar y espero me perdonen la ausencia.

lunes, octubre 05, 2009

800 años

Desde hace muchos años, todos los 4 de octubre recuerdo de forma especial que es día de San Francisco y no, no por ser el "patrono de los animales" y tampoco por el "cordonazo"*. Este año cobró un sentido mucho más especial, pues este pasado 4 de octubre se celebraron 800 años desde que San Francisco y su grupo de amigos, compañeros y seguidores se presentaron frente al Papa Inocencio III para pedir el reconocimiento de su orden.

En realidad, sucede que en mis tiempos de católico, esos en los que me embobaba la belleza del mensaje cristiano y me desilusionaba día a día ver cómo su institución rectora y creyentes lo único que hacen es alejarse de él y establecer una sociedad prejuiciosa, resentida e injusta, conocí y estudié la vida del santo de Asís. Descubrí en él a uno de los grandes entendedores y practicantes del cristianismo. San Francisco, a diferencia de órdenes y congregaciones modernas y antiguas tan ridículas que se ponen de apostolado cuidar la riqueza de los ricos (ay, ¿pero de cuáles estaré yo hablando?...), entendió que el mensaje del cristianismo era más bien de pobreza y desapego, con un llamado para la vida comunitaria en vez de regir morales sexuales y reescribir el Evangelio con base en el sistema de culpa-y-pecado. Sin embargo, Francisco tampoco veía en la riqueza un mal siempre y cuando no existiera la injusticia. El santo llevó una vida pulcra, valiente y, sobre todo muy humana y completa.

Es un hombre admirable y del que aún hoy en día hay miles de cosas qué aprender. Desgraciadamente la Iglesia explota de San Francisco la farsa de su estigmatización. Esto, en vez de haber cobrado la dimensión simbólica y literaria del honor que significaría haber sido equiparado a Jesús, la Iglesia vendió más bien la cosa en sí, rota de todo simbolismo para encantar a las masas con un acto mágico. Estoy seguro que hoy en día la mayoría de los católicos recuerdan más a San Francisco por la ficción de sus espontáneas heridas y su contacto con los animales que por su vida dedicada a ver a Dios en el prójimo.

Pero bueno, para los pocos buenos católicos de hoy, los franciscanos ofrecen, dentro de su "Tercera orden," una opción de vida regular para los laicos. Es decir, que es posible ser "franciscano" sin hacer votos de castidad. Desde mi punto de vista, la membresía a un club no es necesaria para ser un cristiano a plenitud, sin embargo, entiendo que una guía orientada y acompañada, sin duda, es indispensable para la formación de comunidades. Desde luego, por muy cristiana que sea la opción franciscana, ésta no está exenta de las contradicciones y prejuicios anticristianos de la Iglesia Católica, como, por ejemplo, la intolerancia, discriminación y segregación a formas familiares distintas al formato burgués. Por esa razón, hoy en día no recomendaría la pertenencia al catolicismo ni por la vía franciscana.

En cualquier caso hoy celebro a San Francisco de Asís y su épica medieval en la que, convencido del mensaje cristiano, luchó por ver una mejor sociedad. Felicito a la tres órdenes franciscanas (incluye, por supuesto, a las clarisas) y deseo que logren junto con otros aliados una nueva y necesaria refundación de la Iglesia Católica (o su separación) para que su mensaje y forma de vida sean totalmente plenas.

Recomiendo ampliamente la vieja película Hermano sol, hermana luna que narra la vida de San Francisco de Asís. Eso sí, debo advertir que tiene toda la cursilería y miel de una película de Franco Zeffirelli.


Extra
El "Cordonazo de San Franciso" es una tormenta de magnitudes bíblicas esperada cada 4 de octubre en muchos países de América Latina y algunos del occidente africano (digamos que los que tenemos clima de lluvias en verano y tradición católica ibérica). En el Caribe suele considerarse que el peor y último huracán de la temporada es el que coincida con el inicio de octubre, mientras que en el resto de los países se considera que la tromba marca el fin de la temporada de lluvias. Esto, desde luego, es rara vez cierto y poco tiene que ver con que un fantasmagórico y gigantesco San Francisco, desde las alturas, libere de un jalón toda el agua que acumulaba al doblar el hábito. Sin embargo, es una imagen bonita que de la que, por lo que he visto en internet, todos los países se quieren autodenominar sedes de origen. No se deje engañar, lo más probable es que los autores de esto hayan sido los mismos franciscanos misioneros y no "la ternura de nuestros campesinos ________ (agregue aquí nacionalidad)"

miércoles, septiembre 30, 2009

Música... ¿clásica?


Cuando estaba yo en segundo de secundaria, el profesor de Cultura Musical ofreció puntos extras a quienes leyéramos Cómo escuchar la música de Aaron Copland y la verdad es que como yo no iba muy bien, pues opté por la recompensa. Como desde pequeño he estado medianamente interesado en escuchar la música clásica, la lectura me atrapó. Desgraciadamente, y como él mismo apunta desde sus preliminares, no es un libro que ofrezca un conocimiento revelador o una técnica fantástica con su sola lectura: hay que escuchar música. Y es muy didáctico pues ofrece varios ejemplos para cada elemento o momento que quiere ilustrar. La responsabilidad del lector/escucha es la de hacerse de las obras que expone y... ¡escuchar!

En ese entonces no lo hice. La verdad yo sólo quería mis puntos extras y lo de cómo escuchar la música lo resolvería después. Bueno, a 15 años de distancia, finalmente llegó ese "después."

Recientemente soy parte de un pequeño grupo en el que estamos releyendo a Copland y reuniéndonos periódicamente para escuchar juntos las obras recomendadas, aprender, disfrutar y compartir la experiencia. Hasta ahora, sólo hemos tenido una primera sesión introductoria que invita a escuchar la música desde la perspectiva de sus efectos sensoriales y emocionales. Un ejercicio de nombrar y compartir lo que evoca personalmente una selección de 26 fugas distintas del Clave bien temperado de Bach resultó fantástico en varios niveles. En fin, pronto vienen ya las sesiones dedicadas a desmenuzar los elementos de la música para dejarla de ver como ese monstruo incomprensible que a veces atrapa, pero, diciéndolo con sinceridad, generalmente aburre por inaccesible.

Lo que me llevó a escribir esta entrada de blog es un hallazgo muy evidente pero pocas veces verbalizado por nosotros, los muggles de la música: el gusto por escuchar música clásica representa una decisión y un esfuerzo tal como el del que gusta de la literatura debe tener la disciplina de leer un libro. En ambos casos, la recompensa es grande. El escalofrío que surge por oír tamborazos y coro del "O Fortuna" de Cármina Burana, la exaltación que produce el 4° movimiento de la 9° Sinfonía de Beethoven, el vaivén del pie que baila con la "Primavera" de Vivaldi, en fin, los catchs que nos pone la música clásica ahí están y a todos (bueno, ok, a caaaasi todos) nos gustan. Sin embargo, el siguiente paso para escuchar el resto de las canciones de Cármina Burana hasta ser premiado con un nuevo "O Fortuna", regresarle en el disco para también oír los movimientos 1, 2 y 3 de la 9° o tener una idea de qué tan crudo es el invierno vivaldino representa un tamiz más denso que los trámites de titulación del ITAM.

Cuando uno visita la Sala Nezahualcóyotl un sábado que incluyen alguna de estas u otras obras taquilleras, es frecuente encontrarse con muchos músicos y esnobs que critican al escucha que ya hasta pagó un boleto por la obra completa con tal de alcanzar ese momento sublime que conoce y le atrajo. Recuerdo, incluso, la última vez que asistí a escuchar la imponente Cármina Burana, que uno de los asistentes decía con desprecio que él acudía por las más breves Danzas Polovetzianas que acompañaban al programa de esa noche. Otra vez fui al Concierto para violín de Chaikovski, que, debo decir, es una de las cosas más bellas que he oído y, en el intermedio tuve que navegar las pretensiosas y soberbias declaraciones del grupo con el que iba sobre cómo en realidad iban por la otra obra, por la menos conocida, por la más oscura, la que no es "fácil." Y vamos, no digo que las otras obras sean menores o que no despierten un sentimiento similar (de hecho, en ese segundo concierto se trataba de la fantástica obra Cuadros de una exposición de Músorgski que, por sí misma sería taquillera), pero creo que ya todos los que asistimos regularmente a este tipo de eventos reconocemos ese tono hipócrita, demeritador y de superioridad que asusta a aquellos que sienten curiosidad por la música.

Y qué decir del ritual de aplausos y silencios. La mirada asesina de quien osa aplaudir entre dos movimientos es una clara invitación a no asistir a la sala por la sola necesidad de reconocimiento de un auditorio que siente amenazada su calidad de intelectual. Y no. Una obra no se arruina porque el público aplauda entre movimientos, pero para eso habría que educar a los esnobs y es más fácil encontrar rosas en el mar. El incipiente escucha tiene entonces que lidiar, además, con este tipo de figuras sociales que hacen parecer a la música todavía más inaccesible de lo que es. No es sólo el esfuerzo, sino el ridículo por no haberlo hecho antes o por no contar con una membresía de tan alta exclusividad al club de la pretensión.

Lo cierto es que la música clásica genera un gran placer para el que pasó ese tamiz. La sola evocación emocional pasa a una nueva etapa que convierte a la música en un objeto curioso con estructuras interesantes que despiertan el análisis, el misterio y una sed extraordinaria.

Personalmente me encuentro en un punto extraño con respecto a esto. En mi adolescencia compraba los abonos de las temporadas de la Ofunam y asistía regularmente solo o con amigos. Sin embargo, siempre he considerado que mi entendimiento o al menos mi experimentación de la música es mucho más limitada de lo que yo quisiera. Muchas veces fui a esas butacas a abismarme, a aprovechar la música y la iluminación para sumergirme en mis fantasías, mis nostalgias, mis deseos, mis proyectos de vida, mis estrategias y hasta mi lista del super.

Yo tenía la teoría de que a base de asistir periódicamente, poco a poco la música triunfaría sobre la dispersión de mi mente. Y pronto entendí que eso no ocurriría mientras yo no tuviera el más mínimo interés por las obras que se ejecutaban frente a mí. Leer las notas del eterno y monopólico Juan Arturo Brenan me dieron perspectivas históricas y en ocasiones instrucciones sobre qué escuchar. Sin embargo, también esas notas solían inspirarme ese flagelo del conocedor sobre el ignorante curioso, esa necesidad de demostrar la sapiencia como un arma de humillación. Finalmente el éxito ocurrió cuando empecé a hacerme de una discoteca personal y comenzar a escuchar en casa. Sí. A familiarizarme con las obras mientras las desprecio haciendo cualquier otra cosa, como escribir una entrada del blog. De pronto se volvieron más accesibles, comprensibles y ahora ya puedo prestarles el 100% de mi atención con un disfrute extraordinario. La música se convierte, por fin, en esa sensación que me lleva a pensar que la vida es un privilegio.

Ahora me sumerjo, por primera vez, a un método didáctico guíado para escuchar la música clásica. Estoy muy emocionado y las expectativas son altas. Ya contaré si es recomendable y útil para potenciar la experiencia de las delicias auditivas. Pero, por lo pronto, lo primero que recomiendo es tomar la decisión y empezar por lo que a uno le gusta y escucharlo completo hasta entender la obra completa y saciarse de ella.

Extra
Sí. Es "música clásica" no se dejen engañar. El término siempre ha sido polémico porque la Academia no se termina de conformar. Y es que, claro, por "música clásica" uno podría referirse a aquélla que fue creada bajo los cánones estéticos de la corriente clásica del siglo XVIII. Y de hecho fue así que surgió el término en el inglés del siglo XIX para englobar la producción musical no popular del siglo anterior. Con el tiempo, la gente utilizó el término para la música no popular de su mismo siglo. Desde ahí ha venido una larga discusión: ¿música de orquesta, música culta, música académica, art music? En todos los casos la categoría no es precisa o no logra diferenciarla de la popular. Es de esas pocas ocasiones en las que la mayoría de las personas podemos claramente distinguir dos categorías distintas tan comunes y presentes en nuestra vida cotidiana sin poder tener un término preciso.

La cosa es que ante la confusión, la demagogia de la RAE ha optado por seguir la congruencia en sus decisiones lingüísticas y aceptar que si bien el término no es el más preciso, es el más usado y, en ese sentido, es el recomendable. Así que, damita, caballero, siempre que vea cómo un esnob lo mira feo por decirle "música clásica" no se deje engañar y, mucho menos, corregir.

viernes, septiembre 11, 2009

Lugares para estar

Esta entrada, sin duda, es poco posmo, pues pide homenaje al símbolo y respeto al significado en vez de su constante burla.

Hoy en Facebook encontré la foto que posteó un amigo sobre una visita que Ratzinger hizo en mayo de 2006 a lo que quedó del campo de concentración de judíos en Auschwitz, Polonia. No, esta vez superaré la tentación de lanzar ataques contra el incuestionado (típico de los católicos) líder anticristiano de la Iglesia Católica, pues su visita a Auschwitz me parece loable en él y en cualquier persona en capacidad de hacerlo.

Hoy se habla con vergüenza de la pobreza como atractivo turístico. Sí, esos paquetes que hay en Río de Janeiro para visitar las favelas que en el cine contemporáneo brasileño se han vuelto polos de interés. Lo mismo en países de África y algo similar ocurría en México en Chiapas (aunque, gracias a Dios, el enfoque va cambiando). Ver al pobre con la curiosidad que se mira a un elefante en el zoológico. La parte condenable de este tipo de turismo es evidente, pero tiene otra muy valiosa para el turista que abre los ojos y el corazón. Mirar al pobre se vuelve necesario en una sociedad desigual. Sí, mirarlo con el pánico petrificante a la pregunta: "¿y si yo hubiera nacido aquí?"... Al final viajar es vivir, aprender y crecer. Cualquier experiencia bien vivida es bienvenida.

Por ello el turismo de homenaje al lado más oscuro de la esencia humana me parece necesaria si se quiere realmente ver y entender(nos). Visitar Auschwitz, pensar en el dolor infligido de manera tan absurda en las miles de personas que fueron aplastadas ahí me parece indispensable para entender la pasta de la que estamos hechos, medir y entender la capacidad del humano. Plantear lo que uno es, lo que uno siente con respecto a la otredad y la distancia, si es visible, con ese límite que nos hace brincar al lado oscuro.

Sin embargo, Auschwitz está diseñado para que el escalofrío que recorra la columna con sólo mencionarlo ocurra de inmediato. ¿Y qué pasa con esos sitios en los que ocurren o simbolizan atrocidades y que por caminos torcidos de la historia (o la comercialización turística) se enaltecen como monumentos por su belleza estética?

Estoy hablando, por ejemplo, del conjunto monumental del Valle de los Caídos, cerca de Madrid, España. Ahí, el sanguinario dictador Francisco Franco mandose construir, en vida, su tumba. Esta consiste en una colosal cruz visible (ya saben, la Iglesia) a decenas de kilómetros a distancia y una tumba de reyes construida al interior de una gruta artificial con esta arquitectura totalitaria que te hace sentir insignificante y las estatuas de ángeles y santos que, lejos de reconfortar, amenazan. La tumba de Franco fue por muchos años visitada como un ejemplar monumento digno de admiración por su fría belleza y su técnica. No es sino hasta recientemente que comienza a verse como la casa de los sustos que es. Recuerdo que cuando la visité, la juventud española pretendía condenar los viajes ahí como políticamente incorrectos y respaldo a la dictadura. Sin embargo yo lo hice con otro aire, el del que quiere mirar la megalomanía de un dictador que se construye semejante obra a base de una probada explotación obrera inhumana y construyendo su gobierno a base de una sangrienta y dolorosa guerra y luego tres décadas de represión desalmada. Me acuerdo que pensaba que si un hombre era capaz de todo eso, cualquier persona podría tener el potencial para hacerlo y me preguntaba sobre la psicología e historia personal de estos montones de locos que convertimos en líderes. Bueno, afortunadamente Franco optó poner su tumba al ras del suelo, lo que me permitió pisarla con gusto.

Desde luego, ejemplos como el Valle de los Caídos hay muchos y casi que uno distinto por país donde ha habitado algún tirano. Sin embargo, recientemente estuve en un lugar que no sólo es visitado por su interés histórico sino hasta con una gran admiración positiva. Estoy hablando de la ciudad maya de Chichén Itzá, hoy en día elevada al grado de "maravilla del mundo antiguo" mediante un mecanismo por demás ridículo En las guías nacionales e internacionales predomina un discurso cursi que presenta a la cultura maya precolombina como si fuera todo lo bueno que el ser humano hubiera deseado y que la sed de Occidente destruyó inmisericordemente (estas últimas palabras son innegables, eso también, pero es otra historia).

Chichén es una ciudad extremadamente interesante y el mejor exponente del posclásico mesoamericano maya. En ella se muestra que una integración cultural de toda Mesoamérica era pensable hasta la interrupción en seco tras el contacto con Europa si no fuera por los excesos de las clases gobernantes mayas y también nahuas. Ahí misma, además de los edificios, se puede visitar un camino decorado (sacbé) al llamado Cenote Sagrado. Éste, fue llamado así porque su uso no fue el de surtir de agua a la ciudad sino servir a fines religiosos. Esto es, asesinar sistemáticamente a mujeres, hombres, niños y animales en aras de quesque mantener contentos a los dioses.


Según el arquéologo Thompson, un medallón hallado al fondo del cenote describía la mecánica del llamado "sacrificio." Las personas eran atadas de pies y manos y despeñadas. Probablemente el golpe y la asfixia terminaba con la vida de las personas, pero había un premio de consolación para el sobreviviente: se le nombraba alcalde de la ciudad. Como bien dice Thompson, eso era una posible señal de lo improbable de la recompensa.

Lo curioso es que aquí gran parte del turismo llega con un gesto de admiración a lo maya que ciega sus ojos al ritual del sacrificio. Escuché cosas tan absurdas como que Occidente debería aprender del "avanzado" mundo maya porque, supuestamente, era ambientalmente sustentable (con todo y su mecanismo de roza, quema y agotamiento de tierras y las teorías del colapso ecológico del siglo VIII). Es curioso que he escuchado de personas que detestan la fiesta brava justificar el sacrificio humano como parte de una cosmovisión que debe ser respetada.

En fin, en todo caso, me gustó estar ahí. Comentábamos mientras estábamos ahí que la esperanza de vida de un maya del siglo XI no podía ser mucha. Jaguares, malaria, cólera, infecciones tras mutilar sus lenguas, miembros y otras heridas, guerras y huracanes tenían que haberlos orillado a no darle mucho valor a la vida (o viceversa). En cualquier caso y llámenme "occidental" en tono peyorativo, pero creo que deben haber sido un porcentaje mínimo el de aquellos que gozosamente se voluntariaron al sacrificio. Un lugar de tanta belleza natural y como escenario de tanta tragedia humana es algo digno de despertar a la reflexión de muchos temas.

Me gusta estar en lugares bellos, cómodos, paradisíacos e impresos de grandes logros o eventos de la humanidad o de la historia de un pueblo en particular. Sin embargo, también me gusta estar de visita en aquellos donde la infamia inimaginable ha sido la principal protagonista: el cenote sagrado, el Valle de los Caídos y los que se acumulen.

jueves, agosto 20, 2009

Intensidades I y II

I. Lempicka

Finalmente y en tiempos extras de sus fechas de exhibición, me di una vuelta al Palacio de Bellas Artes a ver la exposición de Tamara de Lempicka. Conocía yo superficialmente el trabajo de esta polaca ya que varios de sus portarretratos art decó en óleo se usan de portada para los CD's de una colección de Warner de la música de Astor Piazzolla.

La verdad es que descubrí a una tremenda artista y tremenda personalidad y recomiendo muy ampliamente ir a ver su exposición en Bellas Artes antes de que la quiten. Quisiera dar el dato del cierre de esta exhibición, pero, como dije, ya fui en tiempos extras porque por más que busco en internet ya vi en todos lados que el "2 de agosto de 2009" la quitarían. Así que corran, corran, que tal vez sólo se extendieron unas cuantas semanas por el período vacacional.

En fin, como simple apreciación visual me gustaron muchas otras obras, pero digamos que mi experiencia estética más significativa ocurrió con éste:


Es su primer esposo, Tadeusz Lempicka, de quien tomó el apellido, ya que su nombre de pila es Maria Górska. Lo llamativo de esta pintura es su mano izquierda, que luce borrosa. Sucede que corría el año de 1931 cuando ella ya era famosa y hacía el retrato de su marido con el que llevaba 12 años casada, cuando éste la dejó. Lempicka suspendió la obra, pero no su exhibición aunque fuera así, incompleta. Fue su forma de comunicar el rompimiento.

Por alguna razón, esa historia me impactó mucho y tal vez empapado de la fuerza de la personalidad de Lempicka, reflejada en sus obras y en una colección de fotografías que se le hicieron donde se le aprecia un porte rígido, sofisticado e imponente, inmediatamente me embrujó. Se las dejo aquí junto con una de sus fotos de las que más me gustaron.





II. Los mam y el maíz

Dentro de mis lecturas recientes sobre la cultura maya, topé con una anécdota que me enterneció profundamente dentro de un contexto de violencia pura. Sucede que en el libro Historia y religión de los mayas, del afamado e importante mayista, J. Eric S. Thompson, hay un apartado relativo a la importancia religiosa del maíz en la cultura maya. Ahí, describe que incluso para las fechas en las que fue publicado este libro (1970), el grupo chiapaneco Mam conserva rasgos de su religión precolombina de una manera peculiar.

Un mam sembraba café como es propio en la actualidad de esa región cuando encontró una pequeña mazorca de maíz silvestre parlante. La mazorquita le dijo que abandonara el cultivo foráneo del café y regresara al maíz o, de lo contrario, se aniquilarían todos los cultivos de maíz de la región. Desde entonces, los indígenas mantienen un registro de todas las mazorquitas parlantes de las que se haya tenido noticia y se realizan peregrinaciones y veneraciones a ellas. El café representa uno de los mayores ingresos para la región, pero no deja de ser un negocio principalmente controlado por manos extranjeras o de caciques. El maíz significa una guardada nostalgia y rencor de los mayas sobre su pasado e independencia.

Luego de leer ya cientos de páginas sobre sacrificios humanos, suicidios, mutilaciones corporales, ataques de jaguares, serpientes e insectos; guerras sangrientas entre ciudades y tribus mayas; la irrupción española en el escenario que fue inmisericorde con la organización local e indiferente de su cultura; del padecimiento de enfermedades que diezmó a la población; de cruces católicas afiladas por la punta para una asimilación más efectiva; de la insurrección de Canek y su violenta sentencia; del intento de caciques mayas de aniquilar a la población blanca en la guerra de castas; del advenimiento de corporaciones internacionales y otras locales que mantienen una explotación sobre este grupo de gente ya más hecha a la sangre y a la violencia que a cualquier otra cosa; pus la verdad es que esta anécdota me pareció, de pronto, inspiración para la estética de la película el Laberinto del Fauno. Las imaginaciones de la niña en esa película son hermosas y llenas de ternura, pero a la vez dolorosas por el reflejo de esa faz humana tan cruel. Esto me pareció lo mismo, me hizo estremecer y me pareció formidable compartirlo como parte de mis intensidades.

miércoles, agosto 12, 2009

Las historias de México

Okay, cumplo un mes sin escribir, eso está mal. En mi defensa debo decir que el trabajo electoral y sobre todo el postelectoral fue muy intenso y verdaderamente consumió toda gana y tiempo que yo pudiera dedicarle a la computadora. Pero estoy de vuelta, las cosas son normales ya.

El trabajo fue tal, que el tiempo de una merecida vacación se aproxima. Para ello, hemos escogido un destino que para mí es inédito: la península de Yucatán. Y como yo soy muy intenso y clavado, debo comentar hallazgos que he hecho en el camino.

Sucede que yo me consideraba un mediano conocedor de este país. Esto es, he viajado ya por la mayoría de los estados de la República por lugares famosos y otros no tanto pero con importantes omisiones. Me he internado en más de una ocasión en regiones muy profundas del llamado "México profundo" y vuelto con palabras en lenguas antiguas, he recorrido ya cientos de carreteras con los ojos bien abiertos y las paradas frecuentes, he ido a Comala al terminar de leer Pedro Páramo a sabiendas de que no se refiere al pueblo blanco del Occidente, he comparado a Veracruz con La Habana sin conocer a esta última señora, he sufrido la narcotensión tamaulipeca y el conservadurismo poblano o guanajuatense, he nadado en la playa continental más insular del país, he conocido Francia en Santa Rosalía, he pugnado por la independencia e integración de La Laguna o de la Huasteca... No sé, me he enamorado y apasionado de este país, sus condiciones geográficas,biológicas, etnográficas y su "historia."

En toda esta odisea el levante del país siempre ha estado excluido. Mi conocimiento mexicano termina al oriente de una línea imaginaria de Veracruz a Huatulco. En mi imaginario personal, a pesar de juicios tan cortos como "no conoces lo que vale la pena," siempre he pensado: "bueno, salvo Chiapas, es una cosa menor de mar transparente, arena blanca e innecesario elitismo turístico." Y, en consecuencia, he vivido los últimos diez años haciendo planes e investigaciones sobre viajes a Chiapas que nunca se concretan. Mi curiosidad siempre había sido sobre la actualidad indígena de la región y, acaso un fragmento de su pasado colonial.

Finalmente llega casi por accidente y shock externo la idea de visitar el extremo oriente: Yucatán y Quintana Roo. Inmediatamente se convirtió en una buena idea. Normalmente cuando planeo un viaje por México ya tengo en mente los sitios que me gustaría visitar y conocer en la región. Cuando empecé el involuntario ejercicio para esta nueva edición, descubrí que fuera del Paseo Montejo, Chichén Itzá y Uxmal no tenía mayor idea. Haciendo esfuerzo venían a mi mente las haciendas henequeneras, los cenotes, los flamencos... Pero todo en una nube dispersa sin coordenadas geográficas. Lo mismo que cuando me imaginé pisando Chichén, descubrí que mientras que de Teotihuacán rápido podía referirme al par de civilizaciones que la habitaron y hasta su localización precisa en el tiempo, de esta ciudad sólo sabía que "pus es maya."

Como dije, soy intenso y clavado, así que llevo una semana de ardua investigación y lectura sobre el origen, desarrollo y actualidad de las culturas mayas (veo que usar el término en singular es, sin duda, una reducción oportuna y correcta pero a estas alturas de mi minucioso estudio, una imprudencia). Y lo que falta. No he sido muy ordenado: lo mismo estoy leyendo sobre la migración de los itzáes desde Potonchán a Chichén vía Cozumel, que sobre el Preclásico en el Petén o la historia de la primera y segunda República de Yucatán.

Lo que más ha llamado mi atención hasta ahora es la singularidad y ruptura histórica y etnográfica de la región con respecto al resto del país y, más aún, la falta de énfasis en ello a lo largo de mi educación en Historia de México en primaria, secundaria, prepa y universidad. Algunas vez se me dijo como comentario de los minutos extras luego de que sonó el timbre de recreo que Yucatán fue separado de México, que existió una "guerra de castas," que la conquista española sobre el mundo maya ocurrió "ligeramente distinta" a la azteca. En fin, "nimiedades," detalles y más detalles que no cambian la noción fundamental de la historia nacional y no vienen en el examen. ¡Es increíble que uno tenga que aprenderse los irrelevantes nombres de los Niños Héroes y no se estudien las crudas, dolorosas y estratégicas condiciones y antecedentes en que Porfirio Díaz fundó la ciudad de Chetumal (por poner un ejemplo que resuma, de menos, el complejo y largo proceso que derivó en la guerra de castas y su desenlace)!

Hoy más que nunca me siento víctima de los programas centralistas de educación oficial que buscan presentar un discurso ideológico compacto, congruente y parsimonioso al que me creí inmune. La Historia de México que se estudia en los mejores de los casos de la Ciudad de México, es la del centro del país. Es esa en que "la Conquista" es Hernán Cortés haciendo tratos con los tlaxcaltecas para asaltar Tenochtitlán y a partir de ahí todos los habitantes de Mesoamérica serían sometidos al TAAAN mentado sincretismo. Esa educación en la que los indígenas no tienen mayor actualidad que unas ruinas de antiguos centros ceremoniales, donde son ellos un evento meramente arqueológico con diferentes estilos arquitectónicos y nombres para las deidades. Esa historia en la que de 300 años de Virreinato de la Nueva España y Capitanía General de Yucatán no merecen mucho detalle ni detenimiento sino sólo saber que existió un sistema de castas y una señora, Sor Juana, a la que le debemos nuestra existencia. De la Colonia sólo debe saberse lo mínimo indispensable como para poder entender el proceso independentista que, nuevamente, sólo ocurrió en una parte del país.

Ahora que me adentro a la historia de la zona maya, me encuentro con un continuo difícil de dividir en el mismo número de procesos y fechas que el resto de la historia del país. Quizá esto no es novedad para los lectores yucatecos o para quienes ya se han dado a la tarea de conocer la región, pero para mí es sencillamente una experiencia renovadora: hacía mucho que no me dejaba sorprender y hasta estremecer por una nueva profundización en la historia de este terruño llamado México. Hoy más que nunca me doy cuenta que México no tiene una historia, sino muchas.

En fin, no me extenderé más pues el objetivo de esta entrada fue sólo el de compartir mi sorpresa y mis nuevas andanzas. Si acaso es también una invitación a los lectores de este lado del istmo para conocer y profundizar en la historia yucateca que, sin duda, dará un panorama mucho más amplio de lo que ocurrió y ocurre en toda esta zona del mundo. Para mí este hallazgo ha despertado una fuerte avidez por información y una necesidad de reconfigurar el concepto "México."